EL DESAPEGO COMO FORMA DE VIDA

¿Te has preguntado por qué si tienes tantas cosas te sientes tan vacío? Esta ha sido una pregunta que ha dado vueltas por la mente de los filósofos  desde hace milenios. A menudo, su respuesta ha sido similar: estamos demasiado apegados a las cosas sencillas.

Desde hace más de medio siglo, la sociedad ha medido el éxito según lo que se tiene. Dinero, propiedades, ropa, autos… la lógica contemporánea indica que si no tienes -y presumes-, entonces no eres nadie. Pero ¿quién dicta esto? La verdad es que nadie. No estamos obligados a vivir bajo esa lógica y una de las mejores maneras que hay para salir de este esquema es practicar el desapego.

En la antigua Grecia, Epicuro de Esparta desarrolló una filosofía a la que llamó Hedonismo. Consistía en la búsqueda del placer, pero dominado por la prudencia; es decir, evitando los excesos y  buscando la racionalidad en todo momento.

En ese sentido, pregonaba la mesura, el consumo moderado de todas las comidas y buscar poseer lo menos posible, tanto en materia económica como en propiedades. Tan era así, que invirtió todo su dinero en una gran finca en la que vivía con sus amigos, trabajaban la tierra y vivían de lo que cosechaban, sin caer en excesos innecesarios.

Epicuro aparece a la izquierda, leyendo un libro, junto a Zenón de Citio.

Por otro lado, el budismo zen también se enfoca en soltar las cosas terrenales y concentrarse en alcanzar una cierta plenitud espiritual. Se diferencia de otras ramas del budismo porque basa su práctica en la meditación, es decir, en la reflexión sobre el estado del ser y la naturaleza.

Es por ello que los monjes se desprenden de sus posesiones terrenales para concentrarse en vivir en el momento. Si lo anterior se combina con trabajo físico o ejercicio, tiene como resultado una tranquilidad mental que no depende de satisfacer ansiedades causadas por la sociedad, sino de la confianza en uno mismo y el autoconocimiento.

Para comenzar a practicar el desapego hay un par de ejercicios que puedes llevar a cabo. El primero consiste en analizar cada una de las compras que vas a realizar. Pregúntate antes si de verdad lo necesitas. ¿De verdad necesitas otra playera? ¿Otro pantalón? Pronto te darás cuenta de que en realidad no es así. Poco a poco dejarás de pensar en seguir comprando cosas inútiles y comenzarás a ser más feliz con lo que tienes.

El segundo ejercicio consiste en tomar plena consciencia del momento que vives, de todo lo que te rodea. Detente por un momento y respira profundo, siente cómo el aire baja por tus pulmones y mientras lo hace, cuenta hasta diez. Una inhalación por cada número, e intenta pensar en todo lo bueno que hay en tu vida. Es excelente para tranquilizarte y hacer una pausa en tu día.

No es necesario retirarse a un templo budista ni renunciar a todas tus posesiones para practicar el desapego. Basta con regalarte un par de minutos al día para disfrutar la vida con plenitud.

 

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